¿Qué ocurriría si la vivienda dejara de ser únicamente el lugar donde dormimos y se convirtiera en una infraestructura desde la que construir nuestra vida?
En Angar Arquitectos estamos explorando una hipótesis: una sociedad en la que la inteligencia artificial y la automatización reduzcan progresivamente el tiempo dedicado al trabajo convencional necesitará nuevas formas de vivienda y nuevas formas de comunidad.
El Prototipo 01 de ANGAR 2040 plantea una pequeña comunidad experimental de diez viviendas en la que arquitectura, economía, energía, tecnología y vida colectiva se diseñan conjuntamente.
No se trata de crear un co-living ni una urbanización con más zonas comunes.
Se trata de investigar una pregunta diferente:
¿Puede un edificio ayudarnos a vivir mejor, trabajar menos y reducir radicalmente el coste de habitar?
La propuesta parte de diez viviendas privadas de diferentes tamaños, pensadas para personas y familias distintas.
Cada habitante mantiene su propia intimidad, su vivienda y su independencia.
Pero alrededor de ellas aparece una segunda arquitectura compartida formada por espacios que normalmente tendríamos que duplicar dentro de cada casa o buscar fuera del barrio.
Un taller, una biblioteca, un espacio de trabajo…
Espacios para aprender, crear, reparar, trabajar o simplemente encontrarse con otras personas.
La vivienda privada deja así de entenderse como una unidad completamente aislada.
La casa continúa fuera de la puerta de casa.
Una de las principales diferencias del proyecto consiste en cambiar la manera en la que entendemos los espacios comunitarios.
No serían únicamente equipamientos destinados al ocio.
Cada espacio debería aportar valor social, económico o ambiental a la comunidad.
El taller permitiría fabricar, reparar y aprender.
El espacio de trabajo podría alojar profesionales independientes y pequeñas empresas.
El IA Lab ofrecería herramientas tecnológicas compartidas.
El local hacia la calle podría generar actividad económica.
La producción fotovoltaica reduciría los costes energéticos.
La habitación de invitados permitiría que las viviendas privadas pudieran ser más pequeñas sin perder capacidad de alojamiento.
El huerto produciría alimentos, pero también aprendizaje y actividad colectiva.
La arquitectura pasa así de consumir recursos a intentar producir oportunidades.
Durante décadas nuestras ciudades han separado sistemáticamente las distintas partes de nuestra vida.
Vivimos en un lugar.
Trabajamos en otro.
Aprendemos en otro.
Hacemos deporte en otro.
Compramos en otro.
El Prototipo 01 plantea volver a mezclar algunas de estas actividades a una escala pequeña y cotidiana.
Un habitante podría trabajar durante unas horas desde el espacio comunitario, bajar posteriormente al taller, comer en su vivienda, participar por la tarde en el huerto y terminar el día conversando con sus vecinos bajo los árboles.
No se pretende programar la vida de las personas.
Se pretende ofrecer más posibilidades cerca de casa.
La IA no sería el protagonista visual del proyecto.
Su función estaría principalmente detrás de la arquitectura.
Podría ayudar a gestionar el consumo energético, detectar necesidades de mantenimiento, organizar reservas de espacios, administrar compras compartidas o simplificar la contabilidad de la comunidad.
Pero quizá su función más relevante sería otra.
La inteligencia artificial puede permitir que una persona o un pequeño grupo produzca hoy servicios que anteriormente requerían organizaciones mucho mayores.
Diseño. Formación. Producción audiovisual. Consultoría. Programación…
Esto abre la posibilidad de que parte de las actividades económicas generadas dentro de la comunidad contribuyan a financiar su propio funcionamiento.
La investigación de ANGAR 2040 no se limita a la forma arquitectónica.
El modelo económico forma parte del proyecto desde el principio.
Normalmente medimos un edificio mediante su coste por metro cuadrado.
Aquí introduciríamos otra medida:
el coste mensual de habitarlo.
La pregunta ya no sería únicamente:
“¿Cuánto cuesta construir esta vivienda?”
Sino:
“¿Cuánto tendrá que pagar una persona cada mes para poder vivir aquí durante décadas?”
El objetivo sería reducir progresivamente ese coste mediante una combinación de:
El escenario más ambicioso sería acercarse a un coste de habitar próximo a cero.
No porque construir una vivienda sea gratuito, sino porque la comunidad genera suficiente valor para sostener parte de su propio funcionamiento.
Una de las hipótesis del proyecto consiste en separar vivienda y especulación.
En lugar de entregar una vivienda que posteriormente pueda venderse en el mercado, la comunidad podría conservar la propiedad del conjunto y conceder a cada residente un derecho estable de uso.
Una persona podría vivir allí durante años o décadas.
Si cambia su situación familiar, podría cambiar también de vivienda dentro de la comunidad.
Cuando abandona el proyecto, la vivienda permanecería dentro del patrimonio colectivo y sería ocupada por otra persona.
De esta manera, una misma vivienda podría alojar a muchas familias a lo largo de generaciones.
La inversión inicial no desaparece.
Permanece dentro de la comunidad.
El Prototipo 01 no se imagina para diez familias idénticas.
Precisamente al contrario.
La riqueza del proyecto surgiría de combinar personas de edades y situaciones diferentes.
Personas solas.
Familias con niños.
Personas mayores.
Profesionales independientes.
Personas que trabajan pocas horas.
Personas que desarrollan actividades creativas.
Habitantes con distintas necesidades de accesibilidad.
La arquitectura tendría que permitir simultáneamente autonomía e interacción.
Privacidad y comunidad.
Silencio y actividad.
Otra de las particularidades de la investigación sería no comenzar únicamente dibujando plantas.
Antes de terminar la arquitectura estudiaríamos un día completo en la vida de sus habitantes.
¿Dónde están a las nueve de la mañana?
¿Dónde trabajan?
¿Dónde juegan los niños?
¿Dónde se encuentran?
¿Qué espacios permanecen vacíos?
¿Qué actividades aparecen espontáneamente?
Superponer esos recorridos permitiría identificar los lugares donde la arquitectura puede favorecer encuentros y relaciones sin imponerlos.
De esta manera, el proyecto se diseña no sólo en metros cuadrados.
También se diseña en horas, recorridos y experiencias.
El Prototipo 01 pretende investigar una idea sencilla:
una vivienda puede ofrecer mucho más que refugio.
Puede proporcionar acceso a herramientas.
A conocimiento.
A energía.
A espacios de trabajo.
A naturaleza.
A otras personas.
A oportunidades económicas.
A una comunidad.
Por eso quizá la pregunta que deberíamos empezar a hacernos no sea únicamente cuánto mide nuestra vivienda.
Sino:
¿qué podemos hacer gracias al lugar donde vivimos?
ANGAR 2040 es una investigación abierta sobre cómo pueden evolucionar la vivienda, la ciudad y la arquitectura en una sociedad transformada por la inteligencia artificial.
El Prototipo 01 propone comenzar a una escala muy pequeña.
Diez viviendas.
Un patio.
Un taller.
Un lugar donde trabajar.
Un lugar donde aprender.
Un lugar donde producir.
Un lugar donde encontrarnos.
Una pequeña comunidad capaz de funcionar como laboratorio de una idea mucho mayor:
crear arquitectura que no sólo nos dé un lugar donde vivir, sino también más tiempo, más autonomía y más posibilidades para decidir cómo queremos hacerlo.
ANGAR 2040 · Arquitectura para recuperar nuestro tiempo.
Architect in Seville. Architecture´s studio in Seville.